Una vez puesto, el encaje da cuerpo al vestido, volumen al top, carácter a cualquier conjunto. Como si de una segunda piel se tratase, se encuentra en perfecta armonía con la silueta, dejando bailar a los motivos como protagonistas de un espectáculo de sombras chinescas. Expuesto a la luz, el encaje sublima la geometría de la espalda, la redondez del hombro, el relieve del escote. Oculta para imaginar. Es el encaje firmado Sandro.

Los dedos no dejan de coser, libres y en perfecta sincronía, en el taller de Boulevard Haussmann. La costurera analiza el patrón hasta encontrar la pieza correcta, la mejor manera de darle forma a la sisa, de esculpir el próximo cuello chimenea... y es así como la esencia de la Maison parisina despierta.

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